Despierta la gratitud

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Quizás en este momento te encuentras en tu trabajo.

O puede que estés en el sofá, disfrutando de una serie de Netflix de fondo.

O tal vez en tu cafetería favorita, tomando tu bebida de siempre.

Incluso es posible que estés en el baño, pasando el tiempo con tu móvil en mano mientras haces «tus cosas».

Un día más, cumpliendo con «lo que debes hacer».

Cada día parece ser una lista interminable de «cosas por hacer», y entre una tarea y otra, tomas un tiempo para «desconectar», probablemente con el móvil como vía de escape.

La rutina de levantarse, prepararse, ir al trabajo, comer lo mismo que ayer, más trabajo, salir, cenar, relajarse, dormir, y así sucesivamente.

Es comprensible sentirte atrapado en esta caja, como si fuera algo normal y corriente.

Ésta es la caja de la experiencia diaria.

Es el espacio que ocupamos todos los días de nuestras vidas.

Lo que consideramos «normal» en el contexto de una experiencia cotidiana. El sistema operativo que adoptamos cuando estamos en modo automático.

Las paredes de nuestra caja definen nuestra situación actual. Al mirar con ojos soñadores hacia un futuro emocionante, en realidad estamos contemplando lo que está más allá de estas paredes.

Nuestra forma de experimentar emociones como la ilusión o la inspiración, que a menudo faltan en esa rutina, están fuera de la caja.

Nuestra caja es cómoda y segura, pero la verdadera esperanza yace más allá de sus límites.

Gran parte de lo que anhelamos está en el exterior, en el futuro. Por eso hacemos que el propósito de nuestro día a día sea intentar alcanzar esas aspiraciones.

Estos deseos exteriores se convierten en nuestras metas y objetivos.

Pongamos un ejemplo:

Un amigo te muestra un nuevo teléfono impresionante, lleno de características emocionantes. Tu atención se centra de inmediato, y te sumerges en una avalancha de reseñas, videos…

Ahí está, lo deseas. Lo necesitas.

Ahora tienes una nueva meta tangible del mundo exterior que hará que tu caja «normal y corriente» finalmente sea especial.

Remas incansablemente a través del ciclo de la experiencia diaria.

Trabajas duro, ahorras, sacrificas cosas…

Finalmente, tu arduo trabajo obtiene su recompensa: reúnes con gran esfuerzo el dinero necesario y ya puedes permitirte ese maravilloso teléfono.

Sientes mariposas en el estómago mientras lo compras y lo sacas de la caja.

¡La sensación que tanto anhelabas!.

Con este nuevo teléfono, tu caja de experiencia diaria también se transforma.

Lo configuras, exploras sus nuevas funciones.

Haces fotos con sus increíbles cámaras, incluso grabas videos inspirados en aquellos que viste en las revisiones de YouTube y compartes más fotos en Instagram que en los dos últimos años.

Lo enseñas a todo el mundo y siempre te ofreces a hacer las fotos de grupo porque «mira qué cámaras tiene».

Incluso comienzas a utilizar aplicaciones y juegos que antes ignorabas porque ahora es mucho más divertido.

Le pones funda, protector de pantalla, lo limpias con un paño cada vez que encuentras alguna huella en la pantalla.

Sin embargo…

Aunque aún estás encantado con tu nuevo teléfono, te das cuenta de que la emoción de la primera semana ya no es la misma.

Con el tiempo, haces menos fotos.

Los días pasan, desinstalas los juegos y esas aplicaciones innovadoras que descargaste.

Ahora lo usas para WhatsApp, mirar el tiempo y para la red social de turno mientras te desplazas hacia y desde el trabajo.

Han pasado un par de años desde que lo compraste, y ahora es simplemente un dispositivo con la pantalla rayada que utilizas para mandar mensajes y poco más…

Y de repente, un día, tu caja vuelve a ser simplemente la caja de experiencia diaria de siempre, con la misma textura y color de antes.

Reemplaza el teléfono por cualquier otra cosa (una nueva casa, un nuevo trabajo, una nueva relación, etc.) y surgirá el mismo patrón.

Cambiar el contenido de tu caja puede alterar temporalmente su apariencia emocional, pero al final, esas cosas se integrarán como parte de tu rutina diaria.

Entonces, si enfocarte en el contenido de la caja no funciona, puede que decidas dirigirte a la supuesta raíz del problema: la caja en sí misma.

Decides que tu caja de siempre, es decir, tu entorno, debe cambiar porque esa debe ser la fuente de tu perpetua infelicidad.

Tienes que salir de ella para sumergirte en un territorio desconocido, con la esperanza de encontrar la emoción que tanto buscas, aunque sea temporalmente.

Llegas a la conclusión de que la mejor manera de hacerlo es a través de los viajes.

Comienzas a imaginarte en todos esos lugares del planeta en los que podrías estar. Lugares más emocionantes y desconocidos, que te brinden esas experiencias nuevas que echas de menos.

Sueñas con las playas de Tailandia, París con sus croissants y calles iluminadas, o Japón con su cruce de Shibuya y los videos de Instagram.

El mundo se convierte en tu patio de juegos, y estás seguro de que todos esos lugares inexplorados, llenos de aventuras y experiencias asombrosas, te traerán la felicidad.

Viajar suele ser la respuesta al aburrimiento y la automatización de la vida diaria.

Ahorras dinero, solicitas días libres o vacaciones en el trabajo, haces las maletas y te embarcas hacia un país que nunca has visitado.

Ahora, finalmente, puedes disfrutar de la belleza de lo desconocido y sumergirte en una rica mezcla de cultura, cocina y vida que tu caja nunca había experimentado.

El inconveniente es que, para la mayoría, viajar se reduce a unas vacaciones.

Las vacaciones están diseñadas para ofrecerte un descanso físico y emocional, motivándote para regresar a la caja de lo cotidiano.

Si viajas solo por vacaciones, sabes que pronto volverás a tu caja, y esto hace que aproveches al máximo cada momento de tus viajes, aunque tengas en cuenta que pronto esas experiencias llegarán a su fin.

Y después, inevitablemente, regresas a la caja, contando los días para volver a hacerlo.

Entonces, te das cuenta de que unas vacaciones solo proporcionan un breve impulso emocional y cultural de dopamina.

Lo que realmente necesitas es cambiar de caja, no solo por una o dos semanas.

La verdadera solución está en un lugar diferente, uno que visitaste una vez y te encantó.

Pero esta vez, te mudarás por mucho, mucho tiempo.

Seguramente, lo que buscas debe estar allí, ya que aquí no lograste encontrarlo.

Una vez que llegas a tu nuevo entorno, la emoción es palpable. No solo te has sumergido en una parte completamente nueva del mundo, sino que también tienes tiempo para explorar cada rincón.

Conoces a nuevos amigos, y compartes experiencias únicas con ellos.

Ahora tienes un grupo diferente con el que pasar el tiempo. Son divertidos, entretenidos y emocionantes, características que quizás no encontrabas en tus amigos de siempre.

Estas nuevas amistades tienen una conexión profunda con la cultura local, brindándote la oportunidad de explorar cosas que nunca antes habías experimentado.

Si alguien te pregunta cómo te va la vida, puedes decir con entusiasmo que es increíble.

Sin embargo, al darte cuenta de que disfrutar con personas interesantes y explorar nuevos lugares requiere recursos, decides conseguir un trabajo.

Y lo haces.

El nuevo trabajo es similar a lo que hacías antes, no es ideal, pero es parte de tu sueño de viajar y escapar de la antigua caja. Así que «está bien».

Ahora tienes el generador de recursos necesario para llevar la vida que deseas, permitiéndote continuar teniendo grandes experiencias en este nuevo lugar.

Pero el tiempo es implacable, independientemente de tu ubicación, avanza.

Y este flujo lineal del tiempo es la manera en que la naturaleza pone a prueba lo que llamamos significado.

Solo el tiempo revelará si lo que buscas está impulsado por una novedad fugaz o por un sentido de propósito duradero.

Cuando se trata de viajar, la prueba del tiempo revela rápidamente que era una búsqueda impulsada por la novedad.

A medida que los días en este país extranjero se convierten en semanas, las experiencias se vuelven familiares y repetitivas.

La comida que probaste con emoción al llegar se convierte en tu elección para cenar entre semana.

Los amigos que te mostraron cosas culturales geniales ahora son personas con las que te encuentras a diario.

Visitas los mismos lugares.

Los sitios turísticos por los que pagaste al inicio y con los que llenaste tu galería de selfies ahora son edificios que ves de camino al trabajo.

El trabajo en este lugar se siente igual que el que tenías en casa.

Y hablando de casa, empiezas a preguntarte cómo están tus amigos y familiares, las personas que han estado contigo a lo largo de años de experiencias compartidas, no solo de semanas de momentos fugaces.

Y sin darte cuenta, tu vida vuelve a ser rutinaria y familiar…

La misma que querías dejar atrás.

A medida que las semanas se transforman en meses, la cruda realidad te golpea.

Estás de vuelta en la caja de lo cotidiano.

Pero, ¿cómo he llegado aquí otra vez?.

¿Es hora de encontrar otro lugar?.

¿Más lejos?, ¿otro continente?.

Has vuelto a la caja, y con ella, la sensación de querer escapar.

Pero aquí está la verdad. Independientemente de lo que hagas para salir de la caja, no funcionará.

Puedes cambiar tu entorno todo lo que quieras, pero seguirás viajando con la única caja que siempre te acompañará.

Tu mente.

Cuando estamos obsesionados con el cambio, nos enfocamos en transformar lo que nos rodea mientras descuidamos la única constante con la que todos viajamos: nuestras mentes.

Si tu mente no está en paz, la misma angustia e inquietud que sientes hoy inevitablemente aparecerá en cualquier otro lugar.

Esa sensación a menudo es causada por problemas internos no resueltos: tensiones familiares, falta de propósito en el trabajo, baja autoestima, problemas de pareja… etc.

La respuesta a cualquiera de estos problemas no está en un vuelo de 8 horas.

Como bien dijo Sócrates: «¿Por qué te asombras de que viajar no te beneficia si viajas contigo mismo a todas partes? La causa que pesa en tu mente es la misma que te sigue desde casa».

Solemos sobrevalorar enormemente el placer de nuevas experiencias y subestimar el poder de encontrar significado en las actuales.

Viajar es fascinante para explorar culturas y conocer personas, pero no es la cura para la insatisfacción interior.

Quienes somos dentro de un lugar importa mucho más que el lugar en sí.

En lugar de dejar que la emoción del viaje guíe nuestro propósito, debemos mirar hacia adentro y abrazar lo que sucede cada día: la caja de la experiencia diaria.

En lugar de ver esta caja como un problema del cual escapar, debemos darnos cuenta de que es lo único que realmente podemos abrazar.

Cuando ves la vida como un ciclo continuo dentro de esta caja, es fácil dar por sentado lo que sucede en su interior, viéndolo todo como rutinario, aburrido y cotidiano.

Pero si te tomas tiempo para explorar conscientemente el contenido de la caja, descubrirás la magia que reside en ella.

Y la mejor herramienta para apreciar lo que descubres es la gratitud.

La gratitud te permite sentir la misma maravilla sobre tu vida cotidiana que sentirías caminando por las calles de una ciudad lejana.

La gratitud ilumina el hecho de que eres una colección de miles de millones de átomos que se han unido para crear esta increíble combinación de células, neuronas y órganos que te permiten sentir, disfrutar de la comida, hacer excursiones, reírte de bromas y ver las estrellas por la noche.

La gratitud te permite darte cuenta de que todos los que conoces y amas también son esta colección de átomos que se han reunido en este preciso momento, cuando podrían haber nacido miles de años antes o después.

Agradecer por nuestra existencia y relaciones hace que la vida tenga sentido, y de ésta manera, nuestra búsqueda de propósito florece.

A través de la gratitud, comenzarás a descubrir una lista interminable de cosas increíbles que suceden a tu alrededor. Y, ¿sabes qué? No necesitas mudarte para ver cómo crece esa lista.

Si la gratitud es la herramienta que usamos para resaltar la belleza innata dentro de nuestras cajas, ejercicios como la atención plena hacen que seamos conscientes de ello todos los días, permitiendo que esa belleza sea parte de nuestra perspectiva diaria.

Las rutinas diarias pueden ponernos en piloto automático, pero la meditación modifica esa sensación, eliminando miedos y pensamientos neuróticos. El resultado es una mayor claridad mental y una visión verdadera de la caja de la experiencia diaria tal y como es: un reflejo de la vida que podemos apreciar con la atención y el cuidado adecuados.

La claridad de la experiencia nos lleva a la calma de la mente.

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