«- Cada vez se me hace más difícil caminar entre la estupidez humana, andar a contracorriente evitando millones de cuerpos que creen que se encuentran vivos pero en realidad ya están muertos.
Han muerto de odio, de envidia, de cobardía, de falsedad, de miedo…
Yo no soy responsable de que la gente no posea la capacidad de apreciar lo que tiene delante, no pueden culparme de sus miedos pretendiendo hacerme más pequeño cuando ellos me hacen mejor cada día con sus actos y sus palabras superficiales.
No pueden culparme de no percibir un diamante entre toda la basura, de malgastar sus vidas y no sentir nada, de no apreciar un instante como si fuera el último.
Yo no puedo enseñarles a sentirlo, deben hacerlo por si mismos, puedo ser sus instrucciones pero ellos deben ponerlo en práctica; puedo enseñarle a quienes yo crea que merecen la pena donde empieza el camino, pero tendrán que atravesarlo solos.
Es una gran frustración para mí tener que ayudar a las personas a percibir cosas tan evidentes que a veces hasta me ciegan, que despiertan todos mis sentidos.
No puedo entender en que momento se olvidaron de las cosas importantes de la vida, cómo se dejaron engañar de una manera tan evidente, cuando se rindieron y dejaron de luchar.
Es algo que jamás comprenderé.»
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