Nutre Mi Alma

Siempre terminamos encontrando el camino de regreso a nuestros centros.

Por mucho tiempo que nos alejemos, que nos perdamos en la oscuridad de la noche, que intentemos con todas nuestras fuerzas nadar hacia la superficie, lo que realmente somos nos vuelve a atrapar una y otra vez.

Es nuestra esencia, lo que queda cuando te desnudas de todo aquello que te aleja de tu verdadero ser.

No podemos luchar contra ello.

Ésta vida maravillosa nos voltea, coloca trampas en nuestro camino, nos pone a prueba de forma incesante. Mide nuestra fuerza, la valentía, las ganas que aún nos quedan de exprimirla hasta la última gota, hasta el último latido.

Nunca lo pone fácil porque sabe mejor que nosotros lo fuertes que podemos llegar a ser.

La magia envuelve nuestras vidas. Si prestas atención puedes ver belleza en todas partes, no importa el momento ni el lugar. Está ahí, delante tuyo esperando a que alces la mirada y vuelvas a observarla con la pureza que un día lo hiciste.

Todo es un milagro. Cuando reservas momentos de tu vida para no hacer nada, para meditar, para reflexionar sobre tu existencia, la consciencia emerge y te conviertes en presencia, en ahora, descubriendo de nuevo el regalo increíble que significa poder respirar, caminar, observar, admirar… existir, y es ahí cuando comprendes lo importante que eres y al mismo tiempo, lo absolutamente insignificante.

Hoy regreso a mi pequeño rincón con muchas cosas que transmitir que en realidad no son mías… ni siquiera me pertenecen. Yo no soy más que un simple traductor, tan solo alguien que trata de realizar una interpretación de los hechos lo más ajustada posible, que dibuja en el aire una silueta que se pueda parecer en cierta medida a ti, que te describa de la manera más cercana posible a la realidad y a los actos que acontecen.

Eso es lo que hago, es mi propósito fundamental. Porque todo cobra sentido cuando me sumerjo, porque para eso estoy aquí. Para plasmar sobre un papel las palabras que definan con la mayor exactitud posible lo que siento… lo que soy. Eso que jamás debemos esconder, todo lo que nos hace humanos.

Y yo estoy aprendiendo tanto de ti en este tiempo…

A caminar sin prisa saboreando cada momento, cada pequeño detalle. Con los pies descalzos y una mochila invisible cargada de silencios. 

A no depender jamás de nada ni de nadie para dibujar una sonrisa al viento al final de cada día.

A disfrutar lentamente la vida, construyendo cada instante en base a decisiones propias, huyendo de la opinión ajena.

Y a expresarlo todo con una mirada para no estar limitados por las palabras.

Me has enseñado que la vida solo compensa a quienes tienen la valentía de arriesgar, aquellos que convierten en protagonista esa poderosa intuición que te susurra a gritos cuando descubre un tesoro auténtico en medio del inmenso océano.

Que se puede comenzar de nuevo todas las veces que haga falta con la ilusión intacta, y con el atrevimiento de poner sobre la mesa un corazón enorme dispuesto llenar el mío de un amor sin condiciones.

Esa sencillez que transmites a través de todos los poros de tu piel, que contagia todo lo que tocas y lo impregna de una belleza que muy pocas personas pueden poseer.

La felicidad que te aporta estar en paz contigo misma, abrazando una espiritualidad que ya todos han abandonado.

Quiero aprender a escuchar con el corazón, tratar de comprender cómo es posible que circunstancias vitales aparentemente distantes, se unan trazando formas tan perfectas como para lograr acariciarse en este plano existencial con una fuerza descomunal.

Los verdaderos motivos universales que conducen a encontrarse almas que comparten valores, principios, pensamientos, sentimientos… lo suficientemente similares como para atraerse de una forma imparable, y al mismo tiempo tan diferentes como para seguir aprendiendo mutuamente.

Quizá siempre haya sido así, desde los orígenes de todo, el universo creando caminos y entrelazándolos para fusionar energías en el momento adecuado.

Mis intenciones ya son imposibles de esconder, no tengo intención de ocultar mis cartas. Golpear tu puerta con tanta fuerza que ni siquiera la persona más independiente y solitaria del mundo pudiera mantenerla en pie.

Y que, poco a poco, tú también puedas conocer profundamente todo lo que soy, para continuar confirmando cómo nada de esto es casual, refrendando los motivos que nos han llevado a encontrarnos y a caminar de la mano a través de un nuevo sendero aún más sorprendente de todos los que hayamos podido conocer por separado.

Las miradas de ilusión que expresan mucho más que millones de palabras, las palabras atropelladas que intentan transmitir con torpeza todo aquello que sentimos, los sentimientos imposibles de esconder entre caricias, el cariño que siempre ha sido y será, poesía. Pura poesía en movimiento.

Lo correcto es siempre lo que nutre tu alma. Lo sospeché desde el primer momento en que te conocí, y el imparable paso del tiempo no ha hecho más que confirmar cómo el mío se alimenta cada día de ti y transmite una paz imposible de describir con palabras.

Y sin embargo, esto no ha hecho más que comenzar.

Gracias por todo.

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