Lo eterno de la noche

«- Te esperaba al final de la calle, en la vuelta de cualquier esquina, durante minutos que eran días en la mente, con mis manos repletas de ilusiones y la mirada derramando te quieros distraídos.

Justo ahí, caminando sobre el alambre de un lado a otro y dibujando con mis pasos un camino de símbolos entrelazados imitando al infinito del que siempre me sentí parte. Hablando conmigo mismo, susurrando en el silencio un cálmate a mis adentros como si fuera lo ultimo que haría en mi vida.

Pero no lo fue… resultó ser el comienzo de todas las historias grabadas con nuestros nombres en cada baldosa que pisamos, en cada puerta que cerramos y no quisimos volver a abrir, y en todos aquellos lugares que nos vieron crecer hasta alcanzar los cielos de puntillas.

Otras veces volamos, tan alto que casi rozábamos el suelo, tan rápido que apenas parecíamos movernos.

Es la parte bonita de la vida. A veces te abraza, te mece entre sus brazos y te obsequia con experiencias y personas irrepetibles en los momentos más inesperados del viaje.

No hubiéramos tenido las cosas fáciles porque eso habría sido el fin de lo imposible, el rutinario portazo al frenesí, a la adrenalina que ya formaba parte de cada célula de nuestro cuerpo y que habría sido condenada al ostracismo, a lo inexistente del ser, la muerte en vida de un oficinista en cualquiera de sus días matemáticamente concretos.

Sería un sueño de no haberlo vivido, pudiera haber sido irreal si no lo hubiéramos tocado con la punta de los dedos mientras fabricábamos futuros en la luna, y en todas esas estrellas que nunca nos tumbamos a observar porque estábamos demasiado ocupados tratando de ocultarnos entre las sombras, suplicando que la oscuridad no terminara jamás.

Y fuéramos para siempre aquellos jóvenes extraños perdidos, ausentes, lamiéndonos las heridas del pasado, disfrazados de verdad, jugando a ser nuevos y distintos a cada segundo que avanzábamos irremediablemente hacia el amanecer

…en lo eterno de la noche.»

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