Las cosas que duelen

                           

«- Hay momentos en los que desearía no tener vínculos de ningún tipo para que no exista la posibilidad de fallarte, para no tener que hablarte en silencio de las cosas que duelen, para no tener que decirte nunca adiós… tantas veces adiós… que siento que ya empiezo a acostumbrarme, y no quiero llegar a hacerlo nunca.

Odio esa parte de mí que en demasiadas ocasiones se bloquea al ver cada cierto tiempo a las pocas personas que significan algo de verdad, odio no dar el todo, permanente ausencia provocada inconscientemente por todas las cosas que se pierden cuando alguien tan importante se marcha lejos, echo de menos esa magia que despedían fugazmente los momentos espontáneos que se evaporaron cuando te fuiste, ese contacto constante absolutamente imprescindible para mí.

Nunca supe como hacerlo, lo intenté de veras, pero no conseguí aprender de qué manera comportarme, no valgo, intenté que nada cambiara, seguir siendo yo, pero fue imposible, el paso de los días fue borrando las cosas que nos hicieron especiales y se fue perdiendo todo paulatinamente.

Nuestros caminos se separaron y me vi obligado a buscar puntos de apoyo que me ayudaran a seguir, y lo encontré, encontré a alguien que se volcó tanto en mí que al final el tiempo se volcó en su contra y de una sola sentada le arrojó al suelo sin piedad, y la perdí también a ella… y al mismo tiempo me perdí yo.

Ahora ni siquiera sé donde estoy, lo pienso una y otra vez y no sé donde me encuentro, pregúntame y no sabré que decirte, no oculto nada, no estoy seguro si estoy bien por la inercia de mi inviolable optimismo o porque lo estoy sinceramente, solo sé que últimamente los días pasan demasiado tranquilos y eso me da miedo, porque la tranquilidad no es la vida real y las mentiras acechan en cada esquina que doblas.

Y yo sigo siendo aquel niño que necesitaba tenerte cerca para sentirme seguro.

Fue ayer, ¿lo recuerdas? yo me sentaba todas las noches a escucharte y tú me contabas todo lo que te rondaba la cabeza hasta que el sueño nos vencía… un día tras otro.

Tú me hiciste mejor, y una buena parte de mi comportamiento en estos años es gracias a todo lo que aprendí a tu lado en aquella época.

Ese niño sigue aquí, sólo han pasado un puñado de días en mi mente, porque yo no soy tiempo, y las únicas personas que crecen y se transforman en tiempo son las que dejan de lado todo lo que fueron y se convierten en adultos mortales sin sueños, y yo soy un niño inmortal con sus sueños intactos.

No olvides nunca lo que fuiste, no dejes que tu esencia se evapore con la rutina de los días y las mentiras de lo que están compuestos, sé siempre lo que quieras ser y haz lo que desees por encima de opiniones ajenas.

Hasta pronto.»

Deja aquí tu comentario!.