Cómo practicar la incomodidad voluntaria para ser antifrágil.


«- La antifragilidad está más allá de la resiliencia o la robustez. El resiliente resiste los choques y permanece igual; el antifrágil mejora.» Nassim Nicholas Taleb.


La sociedad actual nos empuja de manera incesante a llevar vidas extremadamente acomodadas.

Disponemos de todo lo que necesitamos (y de lo que no necesitamos) para vivir, cada vez con menos esfuerzo.

Tenemos cualquier cosa que podamos imaginar a pocos pasos de nuestra casa, o directamente en ella, con una simple llamada o a unos pocos clics de distancia.

Y esto ha provocado que hayamos normalizado cosas que distan mucho de ser normales.

En consecuencia, nuestra atención y paciencia se encuentran en peligro de extinción. Lo queremos todo y lo queremos ya.

Si compramos algo queremos que nos llegue hoy.

En el momento en el que deseamos vernos mejor buscamos la forma de conseguirlo lo más rápido posible y con el mínimo esfuerzo por nuestra parte.

Cuando nos interesa informarnos sobre un tema solo tenemos que preguntar a Google, y dispondremos de miles de respuestas al instante.

Incluso para buscar pareja ya solo tenemos que usar una aplicación y obtendremos directamente en nuestro teléfono un montón de posibilidades.

Existen dispositivos que nos escuchan, y con solo expresarles lo que queremos lo hacen por nosotros, aunque sean tareas tan sencillas como encender la luz, poner algo en la televisión, o cerrar una persiana.

También hay otros que limpian, hacen la comida… etc.

Nos hemos vuelto vagos, perezosos, caprichosos, egoístas, narcisistas… Somos como el niño de papá al que le dan todo hecho con tan solo pedirlo.

Apenas queda rastro de la raza que un día fuimos. La grandeza de nuestra especie ha quedado en el olvido, enterrada bajo toneladas de comodidad.

Casi nadie recuerda ya que seguimos siendo máquinas perfectas creadas para la supervivencia. Luchar contra depredadores, recolectar frutos, soportar temperaturas extremas, recorrer largas distancias, ayunar durante largos periodos, caminar descalzos, desplazar grandes pesos, trepar a los árboles…

Como digo siempre, nuestro cuerpo no ha cambiado, continúa necesitando todos estos desafíos aunque para nosotros ya no sea una cuestión de vida o muerte.

Necesitamos estresores. Necesitamos incomodidad.

Porque si no lo hacemos, será ésta comodidad la que acabe con nosotros.


INCOMODIDAD VOLUNTARIA


La incomodidad voluntaria es el acto de ponerse intencionalmente en situaciones desafiantes con el propósito de crecer y desarrollarse. Esto incluye realizar acciones para poner a prueba nuestros límites físicos y mentales.

Aunque practicar la incomodidad voluntaria pueda ser duro, resulta fundamental y aporta infinidad de beneficios. Al exponernos a situaciones incómodas, aprendemos a enfrentar los desafíos de la vida con valentía y determinación. Esto nos hace más fuertes y resilientes, lo que nos ayuda a afrontar los obstáculos que se nos presenten en el futuro.

Además, la incomodidad voluntaria nos ayuda a salir de nuestra zona de confort y a probar cosas nuevas. Esto nos permite crecer y desarrollarnos como personas, y nos da la oportunidad de alcanzar nuestras metas y vivir una vida más plena y satisfactoria.

Implementar ciertos estresores en nuestra vida es un proceso desafiante, pero también muy gratificante. Para hacerlo, es importante identificar nuestros miedos y límites, y establecer metas. También es necesario tomar medidas concretas para enfrentar dichos miedos y salir de nuestra zona de seguridad, además de celebrar los logros para mantener nuestra motivación y confianza.



TIPOS DE INCOMODIDADES VOLUNTARIAS


  • Hacer ejercicio: el ejercicio regular tiene múltiples beneficios para la salud, como mejorar la circulación sanguínea, fortalecer los huesos y músculos, y reducir el estrés. Si entrenas en ayunas aumentarás aún más sus beneficios (nunca hemos cazado con el estómago lleno).
  • Exposición al frío: bañarse en el mar, tomar duchar frías y baños de hielo aumenta la quema de grasa, fortalece el sistema inmune, alarga la longevidad de las células, reduce el dolor y mejora los estados de ansiedad y depresión.


  • Seguir una dieta saludable: tomar alimentos saludables y variados tiene muchos beneficios para la salud, como mejorar nuestro sistema inmunológico y reducir el riesgo de enfermedades crónicas.
  • Practicar meditación: aunque pueda ser una práctica algo incomoda al principio, con el tiempo y el hábito se convertirá en nuestro momento favorito del día. Meditar veinte minutos diarios es suficiente para aumentar nuestra atención, disminuir los niveles de ansiedad, aclarar la mente, mejorar la respiración y reducir la frecuencia cardiaca, entre otros muchos beneficios.


  • Exposición al calor: Acudir a la sauna de manera frecuente ayuda a combatir los patógenos, mejora la función aeróbica, reduce la atrofia muscular y aumenta la longevidad.


  • Ayuno intermitente: restringir la comida durante varias horas al día activa la autofagia, reduce la mortalidad, mejora la plasticidad neuronal, reduce la inflamación, mejora la sensibilidad a la insulina y la presión arterial, limita el crecimiento de células cancerígenas, fortalece el sistema inmune, mejora el rendimiento físico y promueve la perdida de peso.
  • Caminar descalzo: andar con los pies desnudos en la naturaleza modifica de manera positiva la actividad eléctrica del cerebro, mejora las funciones cardíacas, ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre, fortalece el sistema inmunológico y se reducen las dolencias crónicas de muchas patologías graves.


  • Ensúciate: somos demasiado limpios y eso es perjudicial, es importante exponerse a los gérmenes para fortalecer nuestro sistema inmunológico. Toma probióticos, almidones resistentes, reduce el gluten, no consumas antibióticos salvo que sea absolutamente necesario y ve al campo frecuentemente.

conclusión


En definitiva, exponerte a estresores de forma voluntaria y controlada posee muchos beneficios para la salud, algunos de los cuales incluyen:

Mejora del sistema inmunológico: cuando incorporamos estresores, nuestro cuerpo libera hormonas que fortalecen nuestro sistema inmunológico y nos ayudan a prevenir enfermedades.

Reducción del estrés y la ansiedad: al enfrentarnos a situaciones incómodas y superar nuestros miedos, aprendemos a manejar mejor el estrés y la ansiedad, y sentimos que aumenta nuestro control.

Aumento del bienestar emocional: exponiéndonos a dificultades, podemos sentirnos más seguros de nosotros mismos y más capaces de enfrentar los desafíos de la vida.

Mayor resiliencia: incorporando incomodidades de forma voluntaria, conseguiremos ser más resilientes y enfrentar los obstáculos de nuestro camino de manera más efectiva.

Mejora de la salud física: al hacer ejercicio regularmente y seguir una dieta saludable, mejoramos nuestra salud física y reducimos el riesgo de enfermedades crónicas.

Usa las ventajas del mundo moderno con moderación. No permitas que te controlen y acaben con tu salud.

Practica la incomodidad voluntaria a diario, te sentirás mucho más fuerte para afrontar los obstáculos que seguro te encontrarás en el futuro.

Transfórmate en antifrágil.

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