Huellas marcadas

                                         

«- Desconozco cuál es mi edad, nunca antes había sido tan inconsciente de ello, tuve que pensarlo detenidamente por primera vez aquel día para conocer la cifra exacta, la absurda exactitud de las cifras… que no describen a las personas, que mienten, que enjaulan las mentes de los débiles, de los de me dejo llevar, de los de me falta personalidad, de quienes se ahogan en un vaso de agua, de quienes se arrastran y luego piden clemencia.

Ni clemencia ni perdón jamás por seguir vivo y sobre todo por sentirlo profundamente.

La vida de las personas no la marcan los años si no sus vivencias; si sumamos mis vivencias entonces debería ser un anciano, y aunque no es así, no me importaría, porque serlo no es sentirlo, y lo único que importa es como te sientas.

Yo siento fuego intenso en mi interior que a veces incluso abrasa y me gusta, porque ahora desde la distancia, la experiencia me hizo consciente de que no existen las malas sensaciones, todas son buenas por el simple hecho de que nos hacen sentir vivos.

El problema es que no lo vemos porque cuando nos ocurre algo que nos causa dolor, nos encerramos en él, nos revolcamos en nuestra desdicha, cerramos la puerta y no permitimos a nadie entrar, tan sólo tiempo después es cuando caemos en la cuenta de que es mucho mejor haber vivido aquello a pesar de todo, que no experimentarlo en ningún momento.

Y todo eso es lo que queda para cada uno, lo que no debe olvidar nunca, lo que te marca, lo que te deja una huella para siempre y modela tu personalidad, las experiencias de la vida, todo lo demás me sobra, no le regalo ni un instante de mí.»

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