Fracasar es no intentar

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«- Dejemos de engañarnos y de buscar excusas a nuestras derrotas.

La psicología barata es bonita y muy útil para mentirse a uno mismo, para decirnos eso que necesitamos escuchar aunque sepamos que no es verdad, pero no tiene nada que ver con la vida real.

Todos nosotros cambiamos a lo largo de nuestras vidas, tú y yo tampoco somos los que éramos, no somos la excepción.

Evolucionamos o involucionamos, aunque nos empeñemos en lo contrario.

Creemos que no, que somos y seremos los mismos por siempre, nos negamos a verlo, como si fuera algo negativo, cuando en realidad es lo más natural, si no cambias significa que no has vivido.

Pero la verdad es que la vida nos va transformando, todo lo que nos ocurre, tanto lo que no está en nuestra mano como lo que hacemos y también lo que no hacemos, todas las experiencias nos transforman en mayor o menor medida en relación a su importancia, y únicamente depende de nosotros que sea para mejor o para peor, según como las asumamos y tengamos la capacidad de aprender de ellas.

Pero hay algo que nunca cambia, y es nuestra esencia.

Lo que somos realmente es algo que permanece intacto desde que nacemos, es nuestra identidad, eso tan difícil de definir pero que nos define y que a veces, cuando pasamos por una serie de experiencias traumáticas que no sabemos como abordar, la obligamos a esconderse, sin darnos cuenta la castigamos en un rincón y la dejamos de lado, y permitimos emerger esa parte oscura que nada tiene que ver con nosotros.

Y es entonces cuando parece que la hemos perdido, cuando creemos que no volveremos. Pero siempre está ahí, dispuesta a regresar cuando seamos lo suficientemente valientes como para sanar y ser conscientes de que nada puede destruirnos y que siempre seremos eso que en el fondo sabemos que somos, ocurra lo que ocurra.

Las personas que nos conocen profundamente, aquellas que nos aman sin condiciones y están a nuestro lado son las primeras que deberían comprender todo eso sin necesidad de palabras, porque saben mejor que nadie quienes somos realmente, aunque nosotros mismos no seamos capaces de verlo en esos tiempos en los que nos encontramos perdidos, sin rumbo.

Puedes engañarte si quieres, no es reprochable, pero nuestro desenlace ha sido un fracaso, con todas las letras, un fracaso total y absoluto, y por parte de los dos.

Si quieres mentirte para sentirte mejor de acuerdo, es comprensible, cada uno hace lo que considera necesario para sobrellevar la situación, para poder sobrevivir.

Pero la realidad es que los dos pudimos haber hecho mucho, muchísimo más por recuperar algo que era tan grande… hasta el punto que siempre creímos eterno, irrompible, como nos creímos nosotros durante muchos años desde que nos conocimos.

Lo mires por donde lo mires ninguno de nosotros dos estuvo a la altura de lo que nuestra relación nos exigía, tampoco nos pedía tanto… nos lo pedía todo… nada que no hubiéramos dado antes. Fallamos muchas veces, fracasamos, y no ser capaz de asumirlo es bloquear la obligatoriedad de aprender de los errores, de todo lo que hemos hecho mal.

Por eso, aunque quizá no lo entiendas, dejar de luchar es empezar a morir es ya una de mis banderas.

Porque en esta sociedad en la que desgraciadamente nos ha tocado vivir, donde lo virtual se impone a lo personal, en la que cada vez se lleva más lo instantáneo, lo fácil, las metas sin esfuerzos, el sustituir los objetos y las personas en cuanto las cosas no funcionan; yo defiendo más que nunca la lucha, el empeño en reparar y recuperar hasta que caiga la última gota de sangre del cuerpo, la paciencia del artesano.

Y la sensación que a mí me ha quedado grabada es que eso es exactamente lo que ha marcado la diferencia entre nuestras dos actitudes, las ganas por un lado y su ausencia por el otro, como si no valiera la pena, cuando más necesaria era.

Yo un día aprendí deprisa y a base de golpes que hay que pelear por conservar a las personas que han hecho grande nuestro mundo, que han cambiado para siempre nuestras vidas, personas de las que nos es muy complicado alejarnos.

Porque luchar, a diferencia de lo puedas creer, nunca significa forzar. Luchar significa no abandonar jamás nuestras batallas personales hasta lograr conquistarlas.

En el momento en el que sacamos la bandera blanca y nos rendimos es ahí cuando fracasamos, y la parte más importante de nosotros se muere en ellas.

Creer en el destino no es la idea que tiene la mayoría de la gente sobre él, no significa quedarse de brazos cruzados esperando a que la vida ocurra sin más, es ser capaces de apreciar las señales que nos indican cuales son las decisiones a tomar para escribir nuestra historia, el camino a recorrer, aceptar que aunque nada ocurre por casualidad, el resto depende únicamente de nosotros.

Las últimas decisiones siempre son nuestras.

Prohibido sentarse a esperar que la vida suceda.»

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