«- Últimamente soy como un volcán de pensamientos en constante ebullición, tengo tantas cosas y personas en la cabeza que en ocasiones incluso me supera, es como si se fueran poco a poco acumulando una encima de otra y luego se entremezclaran para intentar volverme aún más loco de lo que estoy.
Entre tantas cosas por un lado pienso en ti y me siento culpable porque me estoy distanciando por pura inercia y sin ningún tipo de razón desde hace algún tiempo, y es como lo que me pasa casi siempre con todo, que sé que debo hacer algo, pero no termino nunca de hacerlo, porque me faltan las fuerzas para la mayor parte de las cosas a las que no esté «obligado» a hacer y sin importarme lo que piensen, pero siento que lo que pienses tú si me importa, y que tengas claro que sé que lo estoy haciendo mal porque me has dado mucho, me has ayudado en los peores momentos… un día de estos te lo diré y todo volverá a ser como antes.
Por otro lado también estas tú, rehaciendo tu vida como es normal y yo sin pensarlo, sin valorar apenas la posibilidad de verte por ahí en cualquier lugar por pura casualidad y encontrarme con algo que sé que debo soportar pero que desconozco hasta que punto puedo hacerlo, aunque si de algo estoy seguro es de que te mereces encontrar lo mejor, y que tarde o temprano lo harás.
Algo mejor que yo y, sinceramente, no creo que te sea muy difícil.
Luego está esa parte de mi en mi mente a la que sigo anclado porque nos unen demasiadas cosas como para separarnos, y porque aunque tengamos poco o nada en común como personas, siento que me alegro que sigan ahí y que nuestra relación en esta distancia cercana haya conseguido que no termináramos tirándonos los trastos a las cabeza, que podamos seguir comportándonos como personas e incluso querernos a pesar de todo lo vivido, o mejor dicho, gracias a lo vivido.
Es extraño ,pero ocurre que hay personas que cuanto menos las ves, mejor te llevas con ellas.
En el otro lado y nunca mejor dicho supongo que estarás tú, y digo supongo porque siento que cada vez estás más lejos, pero no por ti, en realidad la culpa es mía.
Es una mezcla entre mi alergia a los teléfonos y mucho más a mantener una relación mediante el mismo, y frecuentemente pienso en lo bien que me podrías haber venido en estos meses tan complicados, pero siempre me pasa, cuando cojo un teléfono me quedo en blanco y se me olvida todo lo que me gustaría contarte pero no puedo, no me sale, no me gustan, es un desprecio mutuo, son demasiado fríos.
A pesar de todo siento que estas ahí, y eso de alguna forma me tranquiliza.
Pero lo que más ronda mi cabeza es esta incertidumbre que me ahoga de no saber hacía donde voy, de no saber si voy en el sentido correcto, el sentirme perdido en el bosque en mitad de la noche con un frio que me hiela el corazón y mi cuerpo me obliga a caminar porque si no moriré de congelación de forma inevitable, caminando sin sentido alguno pensando que nunca encontraré la salida.
Estoy cansado de tener que ser tan fuerte, y estoy cansado de serlo siempre, creo que de vez en cuando me vendría bien gritar con todas mis fuerzas o llorar durante horas para descargar parte de esto que llevo dentro que se va acumulando y que un día me dirá basta e inevitablemente estallará.»
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Ya se sabe que cuando uno se rompe una pierna no ve más que cojos por todas partes, y que si te embarazas, el planeta entero parece atravesar una epidemia de barrigona gravidez. Puede que nuestro cerebro solo sepa mirar aquello que nos obsesiona, o puede que los acontecimientos vengan en rachas. A veces la vida encadena momentos espléndidos. Pero otras veces las hadas se ponen tenebrosas y empiezan a menudear a tu alrededor las historias tristes. Por ejemplo, sé de una persona, una violinista profesional joven y estupenda, que ha sufrido un accidente y de ha hacho un estropicio monumental en la muñeca y en el codo. Se recuperará, pero con esfuerzo y una buena dosis de ansiedad suplementaria. A menudo el destino es así de juguetón y malicioso: avería brazos de violinistas, piernas de deportistas, ojos de pintores. Los ciudadanos de las ricas sociedades posindustriales vivimos dentro de un espejismo de seguridad, como si no pudiera o no debiera sucedernos nada malo, como si los reveses de la vida, incluyendo cosas tan naturales como la vejez o la enfermedad, fueran una completa anomalía, algo que no tendría que pasarte. Por eso, cuando el dolor llega, cae como una guillotina sobre nosotros, como una pesadilla insoportable. Y aunque sea duro de oír, el dolor siempre llaga, antes o después. No hay vida sin su dosis de sufrimiento. Uno no suele hablar de estas cosas. El sufrimiento, en nuestra sociedad, es algo que resulta inadecuado, inconveniente, sucio. Algo que hay que ocultar. Pero, ¿cómo vamos a aprender a manejar ese dolor si ni siquiera somos capaces de nombrarlo? Cuando cae sobre nosotros la cuchilla de una desgracia, se produce, en primer lugar, una obsesión temporal. Piensas en tu ayer intacto e inocente, antes de que ocurriera. Si pudiera regresar al ayer, antes de que me dijeran que estaba enfermo, o que mi esposa había muerto, oque… Añoras con desesperación lo que tuviste, es decir, esa normalidad que seguramente no apreciaste lo suficiente mientras la tenías. Este es el primer aprendizaje esencial que deberíamos intentar extraer de la certidumbre de la desgracia: la felicidad es la falta de dolor y hay que intentar disfrutar de lo que se tiene. Es un pensamiento obvio, pero dificilísimo de llevar a la práctica.Pero las calamidades te enseñan algo más importante: te descubren la asombrosa capacidad de resistencia que todos tenemos. El ser humano es un bicho increíble: no sólo aguanta casi cualquier cosa, sino que además se adapta, se regenera, reescribe la realidad y se reconstruye. Es muy posible que la violinista termine progresando como intérprete, porque el esfuerzo por recuperarse y l dolor del proceso puede hacer que mejore y ahonde su ejecución. No es una novela rosa, la realidad ofrece todo el tiempo ejemplos de este tipo. Incluso en los dolores sin remedio, en la muerte y en los duelos, somos capaces de seguir adelante y volver a encender una luz en las sombras. Somos animales tenaces y llenos de vida. Es lo que nos ha hecho triunfar como especie.
Opino lo mismo que deberias decirselo, pero justo ahora , creo q no es el momento.. Deja que vea un poco a donde va su vida y entonces dile como valoras todo lo que fuisteis y hubo, que eso no lo hace todo el mundo y puede llegar a hundir.
Creo q eso q sientes deberias decircelo directamente a ella..algun dia como dices tu puede ser tarde para q todo vuelva a ser como antes…