Pero eso no es lo peor, lo peor es que lo hemos hecho durante tanto tiempo que ya estamos acostumbrados.
Nos creemos nuestras propias mentiras y tapamos las verdades a toda costa para no tener que cambiar, para seguir con nuestras vidas amarrados al poste de la certidumbre.
Nos las tragamos por miedo a lo nuevo, a lo incierto.
Somos seres de costumbres porque nuestra sociedad se ha empeñado en que lo seamos para tenernos anclados a esa seguridad que es otra mentira más en nuestra colección.
Ocupamos todo nuestro tiempo para no tener la posibilidad de pensar, de analizar nuestro camino, nuestros porqués.
Nos hemos convertido en máquinas perfectas para actuar, pero hemos olvidado el significado de la palabra humano, la ventaja extraordinaria que nos proporcionan los pensamientos.
Apenas existen ya las personas de verdad, las que buscan la profundidad del ser por encima de la bruma que lo recubre prácticamente todo.
Yo también me miento.
Me hago creer que he cambiado, que soy alguien que no soy, que puedo habitar durante mucho tiempo en un mismo lugar y sentirme cómodo con ello, que puedo tener unas costumbres día tras día que únicamente he escogido para satisfacer a otras personas… y no apuñalarme el corazón.
Intento creer que puedo confiar en la gente cuando supe desde siempre que apenas puedo confiar en mí mismo.
Me miento pensando en que puedo perdonar a quienes me han dejado de lado, solo para sentirme acompañado, cuando en el fondo sé que nunca podrá ser así, que hay cosas que no puede reparar el tiempo, que las decepciones y el dolor no se olvidan, y que cuando eres lo que eres tienes que dejar atrás a muchas personas que no están a altura, que no dan la talla, es algo que tienes que aceptar, a pesar de la culpa.
Esta noche como tantas otras comparto contigo mi vida en esta fecha tan especial que solo pueden conformar una ingente cantidad de días que llevamos a nuestras espaldas, y el hecho por sí mismo ya dice mucho en tu favor.
Juntos hemos atravesado tempestades y hemos disfrutado merecidamente de la calma que la sucede.
Sobrevivimos a opiniones ajenas y a multitud de obstáculos con el único propósito de hundirnos, y gracias a ellos hemos descubierto esa fortaleza para unirnos aún más en la lucha.
Me has hecho el mayor regalo que se puede hacer a una persona y no existen palabras que puedan expresar la gratitud que se siente.
Ha merecido la pena el esfuerzo, ha sido fantástico porque ha sido una auténtica locura, y las locuras siempre lo son.
Sé que no lo digo a menudo, pero te quiero, y a pesar de mi forma de ser y mi manera de ver las cosas, de las diferencias que deben existir, la vida siempre merecerá la pena a tu lado.
La lucha por conservar nuestra pureza cada día es más dura, pero no podemos permitir que nuestra esencia se evapore, es nuestra batalla más importante y la libramos a cada instante.
Porque este mundo duele cada vez más, pero duele mucho menos si te miro.»

