«- Me gustaría insistir una vez más en la delicada, a la par que ignorada, fragilidad de las relaciones interpersonales.
No deseo ser juez de lo que cada instante observan mis ojos pero no puedo evitarlo, me es imposible permanecer inmóvil, debo remitirme a pruebas evidentes para demostrar que tu seguridad es tan ilusoria como tu propio futuro, no existe más allá de una idea en tu imaginación, de tus deseos de un vida perfecta, de un mundo ideal, de la idea en tu mente alargando la mirada para comprobar como torres perfectamente construidas se derrumban a tu paso mientras la tuya se tambalea consciente o inconscientemente.
Siempre tendrás la opción de seguir engañándote día tras día o de abrir los ojos y retar al presente con mirada desafiante, para que entienda que no tienes miedo, que estás preparado para lo que tenga que llegar, pues has llegado hasta aquí y ahora sólo existe una dirección en la que seguir, no hay más opciones, no hay marcha atrás ni posibilidad de retirada.
Me ha costado mucho, pero hoy comprendo que en el fondo eso es la vida en estado puro, y también es lo que la hace más emocionante, más real, porque la seguridad es una mera invención, no existe para nadie.
Un día hace mucho tiempo, en un momento de despiste, se me olvidó creer en las personas y en sus mentiras y desde aquel día me convertí en la más despistada de la tierra… y también en la más libre.
Ahora ya no hay dinero en el mundo que pueda volver a hipnotizarme, que consiga engañarme, porque sentí, que en el primer instante en el que dudé sobre todos los cimientos bajo los que está construido este lugar de papel, ya no había vuelta atrás, hallé la solución a todos los problemas que atan a la gente constantemente y le impiden alcanzar una plenitud que jamás tocarán con sus dedos.
Porque cada vez que dudo estoy más cerca de la verdad, y porque dudando nos conocemos.»
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