«- Hay amaneceres que me reconcilian con casi todo.
Abriría mis ojos solo para observarlo y ya habría merecido la pena haber nacido.
Hay personas que parecen rutinarias pero solo lo aparentan, se esconden tras sus disfraces de inseguridad y tan solo necesitan que las escuchen un ratito para sacar de dentro todo lo que verdaderamente son.
Yo lo hago porque me encanta y porque no conozco mejor manera de que alguien se abra y poder así conocerla de forma sincera.
Ya encontré la respuesta a mis más recientes dudas y ya desperté a su realidad una vez más.
Es hallar esos momentos especiales dentro de la rutina de los días.
No es fácil percibirlos y no todo el mundo podría hacerlo, hay que esforzarse, abrir la mente, poner todos tus sentidos y ser consciente de que no hay nada mejor que estar vivo y respirar, por encima de lo que hagas. Llegar a sentirlos es lo que nos hará libres en cada momento.
Yo a mis dos nuevos treses les daría la vuelta y ni me sonrojaría por ello, y sería lo mismo que ahora.
No, sería mucho mejor. Podría caminar mucho más lento y saborear la vida de una forma nueva.
Porque crecer llega un momento en el que se convierte en regresar a los orígenes de todo, hay cosas de las que únicamente nos damos cuenta cuando regresamos a lo que fuimos siempre y la vida con su pulso incesante nos obligó a olvidar.
Ya lo he dicho, es el momento de volver a todo eso que fuimos, a nuestros principios.
Hay que empezar todo de nuevo. Es la única manera de salvarnos.
Hay que regresar al punto de partida y hacernos las preguntas que siempre han estado ahí, flotando en el aire.
Allí nos encontraremos.»

