
«- Éramos invencibles, inmortales.
Miramos a la vida de tú a tú y la retamos cada día, sin complejos.
Nos sentimos inmensos y en nuestro abrumador infinito nos perdimos sin miedo a volver a encontrarnos con todas las cosas de las que huímos a cada segundo.
Flotamos mientras observamos desde lo más alto a los demás deambular.
Pudimos oler todos sus miedos, leer sus pensamientos irracionales de vidas físicas que les absorben, que les prohíben ser todo aquello que saben que en verdad son pero carecen del valor para dejarlo salir.
Desde la inmensidad todo es paz, cuando eres alma, cuando eres ser sin pretensiones ni anhelos, nada te puede y todo lo sientes, te crees tan alejado de todo lo mundano que pocos te entienden y alguno te soporta mientras tú solo quieres crecer hacia adentro sin importar donde te encuentras.
El viaje de verdad comienza en aquel instante, cuando te haces inconsciente de todo aquello, de la verdad oculta, de lo equivocado de todos, de lo alejado de lo cierto.
De pensar sin pensarlo que tan solo existe esto, y aún con ello, desperdiciarlo a cada momento fabricando ceños fruncidos sin sonrisas, respirando apenas sin aire, hablar siempre con demasiadas palabras, el arte de mirar sin observar lo más bello del mundo, tú mismo.»
