«ITA»

«- Y finalmente te marchaste… realmente lo hiciste.

Sé que es absurdo, pero después de tantos años y tantas batallas llegué a convencerme que no ocurriría nunca, y el hecho de que aún siguieras aquí después de todo era algo que me tranquilizaba, que de alguna forma me hacía sentir arropado… seguro.

Ahora siento la fría soledad del enorme vacío de pensar que se marcha la última parte de mi vida que consiguió que yo sea la clase de persona que hoy soy y no me haya convertido en alguien mucho peor como hubiera sido lo normal después de una niñez basada básicamente en la imaginación para cerrar los ojos a la dolorosa realidad.

Porque gran parte de mi forma de ser es gracias a ti, y las fuerzas que sacaste de la nada para hacer de nosotros lo que somos es la demostración más profunda de que mientras haya un motivo para vivir el ser humano no tiene límites y supera todo a lo que se enfrente, y tú eres para mí la mayor demostración de superación.

Me gusta pensar que este era el momento de desaparecer y no antes, porque quizá descubriste que ya estábamos preparados para seguir con nuestras vidas sin ti, para enfrentarnos por nosotros mismos a la crueldad de un mundo en el que no he elegido vivir y que nunca comprenderé.

Espero que tengas razón, pero sigo teniendo miedo a no estar a la altura, a no ser tan fuerte, a no estar preparado para soltar tu mano en este punto del camino en el que continúo sin encontrar la salida.

Hoy estaba intentando encontrar algo que pudiera superar a la palabra gracias pero el diccionario se me ha quedado pequeño, y ha sentido vergüenza de no poder encontrarla para ti.

Gracias por todo, por regalarme cada instante de tu vida para mí, el resto de la mía es tuyo, es lo mínimo que puedo hacer, lo mínimo que te mereces, me gustaría poder hacer más…

A partir de hoy, mi motivo para seguir viviendo eres tú.

Es hora de que descanses.

Hasta siempre, te quiero.»

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