Promesas incumplidas

                                      

«- Te recuerdo sentada al borde del andén de la estación de la esperanza, soñando con una vida mejor, acariciando los días que quedaban por llegar, hablando sola de los sueños inacabados suplicando por un mañana en el que se cumplieran…

Yo me sentaba a tu lado durante horas y te prometía que todo iría bien, que los sueños se pueden hacer realidad si se desean con fuerza, si estas dispuesta a arriesgar de verdad, al final ganarás.

Que la vida siempre sonríe a los valientes y que yo siempre estaría allí para ayudarla, para ser testigo y actor secundario en su vida mientras ella así lo deseara.

Los sentimientos sinceros de aquellos días dieron un vuelco en el abismo del tiempo y regresaron convertidos en mentiras que mis labios jamás podrán perdonar a mi corazón, que el paso de los años nunca podrán derretir la huella de un pasado que a veces aprisiona, te hiela por dentro y te impide actuar.

Pero al final lo que queda es lo que tienes en el presente, si has obrado bien o no, preguntas que jamás serán respondidas, porque lo único que importa son las decisiones que tomas con el corazón y de las que no debes dudar en ningún momento, aunque te lleven por lugares desconocidos hasta el momento, porque todo sirve para aprender y yo he aprendido mucho en este tiempo, sobre todo de mí mismo, a conocer partes de mí que se encontrabas escondidas en una oscura habitación olvidada y que ahora forman parte importante de todo esto, para bien o para mal, si de algo hoy puedo presumir es de ser, por encima de opiniones ajenas, la persona que siempre había estado ahí y hasta ahora no se había atrevido a aparecer para no marcharse.

Era una deuda pendiente y la he pagado.»

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