«- Cuando no haya mundo, cuando ya no quede tierra a la que escapar, me reprocharé mil veces las palabras que estuve a punto de decir, las caricias a las que les separaba un soplo de aire.
Cuando dejemos de fingir lo que no somos quizás podamos emplear el resto de la vida en ser nosotros mismos.
Cuando ya no me ocupe de todo lo que me preocupa llegará el momento de luchar por lo que valga la pena.
En el momento en que deje de pensar en quien no me piensa, en quien no me vive, recuperaré la capacidad de valorar plenamente lo que tengo delante.
El día en que deje de ser lo que desean, tal vez vuelvan los tiempos de la franqueza, la desnudez, de las ilusiones a pesar de todo lo que nos roba las ganas de avanzar.
Cuando deje de exigirme tanto, cuando ya no tenga prisa, haré realidad los sueños interminables de la lista de mi vida.
Cuando deje de ser un cobarde, cuando ya no tenga miedo de lo que no existe, me levantaré y echaré a correr.
Volver a ser yo a pesar de ti… volver a ser gracias a ti.
Volver a ser un niño.»

